
El Viernes ya nos había dejado. Todo estaba a punto de acabarse y a uno le resultaba difícil asumir que tras este día todo acabaría y que uno de los mejores años del Paredes de Coura sería pasto de la historia y de las crónicas de medios especializados y no tan especializados.
Era sábado por la mañana y tras salir de la tienda uno empieza a darse cuenta de lo se avecinaba, tormenta. Esto iba en todos sus significados tanto musical como meteorológico y es que al día siguiente cayo la de dios, tanto por Paredes de Coura como por Vigo, pasando por A Guarda, creo que la tormentita era merecedora de que le pusieran el nombre de alguna caribeña, porque no fue normal tanto trueno, menos mal que el festival no duro un día mas, ni que la tormenta fuera un día menos, porque ya me veía usando la tienda a modo de canoa.
Dejando a un lado el tema agua (del cual siempre está el mítico comentario de que no iba a llover para que cayese la mayor tromba de agua en años) toca hablar de la otra tormenta, la musical, que con esta tampoco fue poco lo que cayó encima.


